jueves, 28 de marzo de 2013

Ni cogeré las flores...


Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

Se trata de un fragmento del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. En efecto, vamos por el mundo, apreciando toda la belleza que en él hay y gozando de los bienes que Dios tenga a bien concedernos.  Pero siempre teniendo en cuenta la fugacidad de esta vida pasajera y su subordinación a la definitiva, de la que sólo es figura. En resumen, dirigiéndolo y ordenándolo todo a Dios que es para Quien hemos sido creados y vivimos.

Y yo añadiría: y apagaré de vez en cuando el teléfono móvil y dispositivos análogos para mirarlas un poco, al menos … (Perdonadme el tono algo humorístico).

Y es que necesitamos momentos de estar a solas con nosotros mismos, para reflexionar, para asentarnos, para contemplar lo demás. Veo a niños y mayores con los ojos y los dedos absolutamente pegados al móvil con conexión a Internet en el autobús, por la calle, hasta en clase. Me da mucha pena, muy especialmente en el caso de los niños que aún están formando su sistema neuronal. ¡No puede ser bueno para la persona convertirse en un simple periférico de un aparatejo! Cosa muy diferente es utilizarlo con orden. Para eso es muy útil y una bendición. Las personas tenemos demasiado miedo a estar a solas con nosotros mismos y eso es un peligro.

También podemos ver algo parecido en:

1 Cor. 7:29-32, :el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa ... Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja.

Veo que aquí se profundiza aún más y ya nos vemos abocados a la necesidad de oración, de vida con Dios y en Dios sin la que es imposible vivir esto.

No somos seres aparte del mundo, ni el mundo es malo, ni nos evadimos de Él. Pero gracias a Jesús, su Encarnación y su Redención, lo atravesamos trascendiéndolo para que todas las cosas sean redimidas por Cristo, ¡Incluso los teléfonos móviles! :

"dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Ef. 1:9-10).

 
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