jueves, 21 de marzo de 2013

La soledad, las heridas y el Papa Francisco


El comienzo de papado del Papa Francisco nos ha pillado un poco por sorpresa. Una sorpresa muy grata, sin embargo. No podía ser de otro modo pues creemos que el Espíritu Santo iluminó la elección y Dios cuida de su Iglesia:
“Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. (Mt 16, 18)

 Los primeros mensajes del Papa son claros: servicio, pobreza, humildad, ternura. Me conmovió especialmente su homilía para la Festividad de San José en la que nos invita a ser custodios como Nuestro Santo Patrón. Custodiar al hermano, a nosotros mismos, a la creación.

Mi actividad bloguera comenzó, hace ya años, como consecuencia de los artículos que comencé a escribir para las revistas parroquiales de la zona. Realmente se me representa Jorge Mario Bergoglio como el Párroco de una gran Parroquia universal. Y me parece estar escribiendo un post para esa Parroquia llamada Iglesia.

Dios llama a cada uno, según las capacidades con que le ha dotado, a desempeñar diferentes servicios en la Comunidad Parroquial, y en cualquier otra comunidad. Es importante responder con diligencia a esta llamada pues la tarea es mucha y los que la llevan a cabo se ven sobrecargados, muy especialmente los sacerdotes.
Muchos no estamos capacitados para ejercer funciones concretas. Nadie, sin embargo, está excluido de su misión de servicio. Es imprescindible la contribución en dos frentes: la oración y la Bondad en la convivencia.
Es sabido de todos cómo nada bueno hay que no nos venga de Dios cuyas gracias alcanzamos, por manos de María, a través de la oración.
En cuanto a la Bondad, cultivar esta virtud es una urgencia en nuestros días. Si bien son necesarias personas capaces en todos los ámbitos, el óleo que suaviza las heridas de la vida es la convivencia con personas buenas.
La Bondad es un fruto del Don del Espíritu Santo llamado Piedad.
Por tanto, hay que pedírsela a Él para que nos lo conceda. Es el Amor hecho vida para nuestros hermanos; percibir en los demás el latido del Corazón de Cristo; ser transmisores de la Bendición de Dios.
Vestir al desnudo es una obra de Misericordia. Todos debemos vestir al que está desarropado de ternura, afecto, sonrisas, de sentirse importante y querido. Se trata de una desnudez muy frecuente, casi universal.
¡Cómo nos devuelve la Esperanza una sonrisa amable, un interesarse por nosotros, aquél que nos estrecha la mano cuando sufrimos, el que se alegra de vernos y nos lo manifiesta! Una cortesía inesperada, saber que nuestro nombre está seguro en la boca del hermano, nos viste el corazón de fiesta.
Servir así a la Parroquia es como llevar la intendencia de los corazones: cuidar de que estén bien alimentados para que tengan suficientes energías y vitaminas para sus valiosos cargos y tareas. 
Muchas veces nos sentimos solos y heridos. Démonos cuenta de que eso le sucede también a los demás. A veces la frialdad y el desapego se han apoderado de nuestras comunidades, falta un poco de calor. Os aseguro que todo es empezar, acaba siendo contagioso.
Como dice la canción: “¡Qué suerte tener un corazón sin puertas! ¡Qué suerte tener las manos siempre abiertas!”

Os aconsejo esta entrevista que se publica en el blog de la Asociación de Blogueros con el Papa, presentando dos libros del entonces Cardenal Bergoglio:


Blogueros con el Papa