jueves, 24 de enero de 2013

No sea que "veamos las estrellas"...

Me vino la idea  al leer el principio del post “Vimos su estrella en oriente” y me documenté.
¿Por qué vemos las estrellas (puntitos luminosos que se mueven, aparecen y desaparecen) cuando nos damos un golpe en la cabeza, en el ojo y en algunas otras ocasiones?
Se debe a la naturaleza de la retina. Ésta constituye la cobertura más interna del globo ocular, una delgada capa de tejido nervioso encargado de recoger la información visual y transmitirla al cerebro. Es en la retina donde se proyectan las imágenes que pasan a través de la pupila, para luego transmitirlas al cerebro. La células nerviosas que la integran tienen una naturaleza muy peculiar y especializada, la única respuesta que sabe hacer llegar al cerebro es información visual. Es  decir que todo estímulo nervioso que provenga de la retina, el cerebro lo interpretará como información visual (sea ésta real, o no).
 

Si “aplastamos” o “tiramos” del tejido retiniano, somos capaces de estimular los receptores. Estamos engañando al ojo, porque el estímulo no es la luz, pero los receptores estimulados lo transmitirán como si hubiera llegado una luz brillante. El cerebro interpretará como un punto luminoso, intenso y pasajero, en la zona del estímulo.
 
La parte interna del ojo no está vacía sino rellena del humor vítreo, una especie de gel que está adherido a la retina. Cuando nos damos un golpe en la cabeza o el ojo, este movimiento tan brusco hace que el humor vítreo trate de deslizarse o desplazarse dentro de la cavidad y, por su naturaleza elástica, tenderá a presionar puntos de la retina en la dirección del desplazamiento, y tenderá a tirar de las zonas del lado contrario.
 
De esta manera, la retina se ve “irritada”, estimulada desde el interior. Y se producen esos puntitos brillantes que nos parecen estrellas.
 No todos los puntos brillantes producidos sin estímulo luminoso se deben a un golpe; hay otras causas frecuentes:

 •Una falta transitoria de riego sanguíneo en la cabeza. Cuando estamos tumbados y nos incorporamos rápidamente, a veces ocurre que vemos estrellitas, se nos oscurece la visión e incluso nos desmayamos, y se debe a una bajada de tensión arterial. Sucede igual si la tensión arterial disminuye por otro motivo (dolor intenso, pérdida de sangre…)

 •Un dolor de cabeza (típicamente una migraña o jaqueca)

•Una tracción o rotura retiniana.
etc.

Lo importante aquí es que la retina está hecha para transmitir sólo estímulos visuales y si recibe otros los identifica y transmite como tales.

De un modo análogo, como dice San Agustín (1), estamos hechos para Dios.Tenemos ansia de infinito, de felicidad, de inmortalidad, de amor…sed espiritual.   Si nuestro corazón no recibe estímulos adecuados, es decir, la verdadera Fe en el Dios verdadero y su verdadero Amor, se puede ver engañado por otros estímulos que confunda con la verdad y crea erróneamente que lo van a satisfacer y hacer feliz. Es el caso de la concupiscencia de la carne (creemos que con los placeres que ofenden a Dios, seremos saciados  y felices), o de los atractivos mundanos, o de otros espejismos que el demonio nos presenta. Muy especialmente sucede con la superstición, hoy tan extendida y las pseudoespiritualidades como la Nueva Era  (New Age) que inspira nuestra cultura.

 Ulises se protegió de los cantos de sirenas que pretendían hacerle perder el rumbo  y el timón de su barco. Tuvo que pedir ayuda a sus marineros y asimismo les previno y ayudó a ellos.
 
Con la Fe sucede algo parecido, el camino es angosto, a veces fatigoso y los “espejismos” nos pueden debilitar, desviar, corromper. Por eso Dios, que nos conoce, nos ha hecho caminar en comunidad, la Iglesia. No nos alejemos de ella, pidamos ayuda cuando nos veamos débiles, alimentémonos de los Sacramentos.

No queramos caminar solos y no estemos excesivamente seguros de nuestras fuerzas, no sea que “veamos las estrellas” o “los cantos de las sirenas” nos desvíen.
 
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(1)«Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
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