domingo, 17 de febrero de 2013

¡Que viva el óxido!


Caminar y pensar son dos verbos que se conjugan igual y en mí se ayudan mutuamente desde hace muchos años. Sí, caminar me ayuda a ordenar los pensamientos y pensar me ayuda a caminar. Después se añadió el orar, y el “equipo” está, por fin completo, trenzado  en el respirar. Y en ello estoy, muchas veces con una contenido, otras con otro, que voy comentando con Dios, con la vida y conmigo misma… Últimamente sucedió ese bello encuentro en el que dos temas acaban por ser uno, tras conocerse en mi interior. Os lo voy a relatar.

Observo hace tiempo un cambio en los gustos y tendencias que rigen el mobiliario y las esculturas urbanos. Hace tiempo, estos elementos se solían pintar, barnizar, cubrir sus superficies con variadas protecciones que había que renovar constantemente. Ahora se tiende a construirlas en materiales cuyo mismo óxido las protege, y se dejan oxidar. Si algún punto de la superficie resultara dañado, a su vez volvería a oxidarse, y con ello volvería a estar recubierto y protegido. Se trata de una propiedad que poseen los óxidos de algunos metales y que se conoce desde antiguo. Incluso el famoso minio es un óxido binario (también llamado óxido salino o mixto)  de plomo 2+ y 4+ (1).

También hay “líderes” (el liderazgo es el segundo tema que ocupaba mis reflexiones) que parece que estén sólo recubiertos de una capa de pintura o barniz, una especie de pose o máscara, de cara a sus seguidores. Se trata de esa imagen que, con mucho esfuerzo y artificio mantienen y que se supone que es la que ha de atraer y ser imitada y admirada por todos. Por fin he podido poner palabras a esa indefinible sensación, tan desagradable que, desde muy pequeña, me causaban algunas personas que pretendían guiar a los demás: los encontraba inauténticos, fingidos y poco sólidos. A mi modo de ver, eso no son verdaderos líderes aunque puedan pasar por ello eventualmente. Sin embargo, a la larga, ante la prueba, no resisten.

El verdadero líder se me antoja algo así como los nuevos artefactos urbanos. Expuestos a las inclemencias  del ambiente, se “oxidan” (se van entregando al oxígeno de la vida) por el amor, y es ese mismo amor quien los protege y hace fuertes. No disimulan sus debilidades o fragilidades de un modo soberbio, aunque no tengan por qué ir pregonándolas. Son personas normales, como tú y como yo, pero que se han ido forjando al amar  y es eso lo que les hace fuertes, distintos. Ante cualquier situación, lo primero que les viene al pensamiento es siempre lo mismo: “vamos a orar”. Se apoyan en Dios y procuran no tener protecciones ni resistencias ante Él. Si en algo fallan, si se lastiman, si pecan…vuelven a entrar en contacto con Dios y una nueva capa de amor sana la herida que dejó mella en ellos. En esos líderes sí te puedes apoyar porque ellos se apoyan en Dios y te pueden acompañar y guiar hasta Él. Todos deberíamos intentar ser, en mayor o menor medida, líderes así.

 

(1)    El Minio es un óxido salino de plomo de color rojizo anaranjado que, diluido en aceite o ácido, se usa como pintura o preparación antioxidante. Se usaba en la Edad Media para la ilustración de manuscritos.

¡Cuidado! Porque en Wikipedia no está bien explicado y ni siquiera la nomenclatura es correcta. En todo caso se denominaría Tetróxido de triplomo y no “Tetróxido de plomo”, como aparece allí equivocadamente.
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