lunes, 4 de febrero de 2013

Por amor me creaste...

“Por amor me creaste a tu imagen
para que yo sea capaz de gustarte para siempre en el cielo.”
(Sta. Catalina de Siena)



Somos muchos y compartimos un mismo autobús. Nuestras rutas coinciden en algún tramo. Nuestros horarios se sincronizan durante un período de tiempo. Pero cada uno se dirige a un destino diferente, vive una historia particular, aspira a horizontes únicos. Incluso si uno nos informó del recorrido o nos acompañó a la parada, sería absurdo que, sólo por eso, extraviáramos nuestro camino para seguir el suyo.

 

 
Así también conocemos en la vida a muchas personas. Algunas con rumbos distantes del nuestro. Otras, han conocido a Jesús han creído en Él. Muchas veces nos han tenido que guiar por el camino de la vida.

Nuestros padres, maestros, pastores…nos han conducido, nos han servido de ejemplo. Se lo agradecemos mucho y sobre todo a Dios, que en su Divina Providencia así nos asiste y consuela. Pero no debemos caer en el error de hacer de ellos ídolos. A Quien estamos hechos a imagen y semejanza es de Dios. Él nos ha amado primero, singularmente, a cada uno y “no se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20)” (Benedicto XVI).

Cada persona tiene una vocación distinta, cada cual oye en su corazón matices diferentes en la voz de Dios. Aun en una misma Iglesia y formando un solo cuerpo, somos distintos, únicos. Un líder, un maestro, etc. para serlo de veras, no nos pueden apartar de la Verdad, de las maravillas que Dios quiere obrar en nosotros. Nosotros mismos acompañaremos a otros, evangelizaremos a muchos, pero no debemos perder de vista que a Quien los conducimos es a Dios y no a nuestro gusto personal, para hacerlos imágenes nuestras.


“¿Qué quiere Dios de mí? ¿Qué desea obrar en mi corazón? ¿Qué desea obrar en mi prójimo?”. Son preguntas que hay que meditar constantemente y buscar la respuesta en una relación de amor personal y firme con Dios.

 
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