domingo, 25 de agosto de 2013

Descansos y "descansos" (parte 1ª)


No sé si en vuestros idiolectos se utiliza esa expresión que dice algo parecido a “¡Anda,
que “Te habrás quedado a gusto, ¿no?”. Es una ironía. Uno se quedaría a gusto o descansando si hubiera hecho la cosa en cuestión a conciencia, lo mejor posible, y el resultado hubiera sido acorde con el esfuerzo, muy satisfactorio. Por el contrario, en sentido figurado… ¡Justo al revés! 

Me ha venido repetidamente a la mente esa expresión y he estado meditando sobre ella relacionándola con el tema de esta etapa del camino. A veces, ese descansar de algunos, supone hacer las cosas tan mal que carga a los demás con cansancios y trabajos o penas adicionales. Cuando uno no lleva su propia cruz, la debe de llevar otro. Está el mundo lleno de personas que tienen esa fea costumbre y hacen, con ello, malvivir a los que le rodean. Cuando, por el contrario, llevamos con amor la cruz de otro para aliviarle un poco porque lo vemos agotado o queremos obsequiarle, la cosa cambia. Mucho más aún si ese otro no es que esté demasiado cargado sino que es un irresponsable, un egoísta, un desconsiderado… pero no queremos que haya terceros que sufran las consecuencias. Cuando nos cansamos por otro con amor, ayudamos al mismo Jesucristo a llevar la Cruz  a lo largo del camino del Calvario. Simón de Cirene lo hizo, aunque un poco forzado. Aun así, seguro que Él sabrá agradecérselo generosamente. Las santas mujeres que le acompañaban moralmente o la Verónica que enjugó su rostro, lo hicieron de buen grado. Nosotros podemos viajar en el tiempo y estar allí, realmente presentes para descansar a Jesús. Podemos hacerlo porque el Sacrificio de la Cruz se actualiza constantemente en la sagrada Eucaristía. También porque Él, el dueño de los tiempos tiene toda la eternidad presente ante sí y nos tuvo presentes en el momento de su Pasión. Podemos hacerlo, finalmente, porque el mismo Jesús nos dice:

"lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis" (Mt. 25, 40)


Resulta muy interesante la Fábula 109 de Esopo, la del caballo y el asno. Pensemos, no obstante, que muchas veces cargamos con cargas injustas, a causa de la deshonestidad de otros. Si es esa la voluntad de Dios en ese momento, no dudemos en hacerlo con amor. En ese caso el que es honesto, el que siempre es Honesto es Jesús, por quien debemos hacer todo. También podemos descansarle del peso de nuestras culpas con el ofrecimiento diario de las obras, afectos… , la oración, la penitencia, etc.


                                                                                                     (continuará)
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