jueves, 4 de abril de 2013

¡Cuidadito con la anemia!


Me mareaba mucho, estaba más agotada que de costumbre, tenía calambres y otras molestias nuevas. Un análisis de sangre rutinario mostró la causa: tenía anemia ferropénica. Para entendernos, me faltaba hierro, aunque no glóbulos rojos. A pesar de que comía bien y no me faltaba peso (más bien lo contrario), algún déficit en la asimilación de este elemento unido a pérdidas del mismo me habían dejado así.  La solución, gracias a Dios, muy sencilla: me recetaron hierro. Tuve que pasar el verano cuidando su toma regular en las condiciones adecuadas para su correcta asimilación. No era nada complicado pero sí requería constancia y algo de sacrificio. De no hacerlo así hubiera requerido transfusión. O sea que la levedad  el remedio era bastante mayor que las consecuencias de no llevarlo a cabo. Y es que sin él el oxígeno no puede recogerse y transportarse bien a todas las células del cuerpo. La respiración celular, ésa que hace quevivan, no funciona bien y todo se resiente.



Cuidé todo lo relacionado con el hierro durante unos tres meses y me puse bien de su carencia. Tendré que ir revisando y prestando atención al hierro asiduamente.

¿Por qué os cuento todo esto? ¿Sabéis cuál es el símbolo químico del hierro? Fe, ¡Sí, Fe!

La Fe es el alimento que oxigena nuestra vida espiritual. Si nos falta, por mucho que nos sobre inteligencia, riqueza o talentos, la Caridad y la Esperanza se resienten. Podemos perder la Fe por pequeños descuidos, cediendo a pensamientos e ideas insidiosas, con pecados e infidelidades, descuidando la oración, los Sacramentos… Hay que ir “ingiriendo” asiduamente Fe para mantenerla y pedirle al Señor que nos la aumente.

¡Cuidado con las anemias de Fe!

 
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